Una de las experiencias más recientes que he tenido es reflexionar sobre lo que en mi pasado consideraba como real y posible, frente a lo que ahora vivo y tengo disponible.
Esto tiene una razón de ser: he tenido varias oportunidades para pensar y hacerme una pregunta clave:
¿Qué debería estar haciendo en comparación con lo que realmente estoy haciendo con mi tiempo y mi trabajo?
Te cuento que, durante mi desarrollo profesional, he dedicado bastante tiempo a analizar las áreas de conocimiento por las que he pasado y las que me siguen interesando hoy en día.
Varias de estas inversiones de tiempo, energía, recursos mentales y hasta emocionales no vienen de una manera tan “lógica” o estructurada como en un plan de estudios tradicional, y creo que eso es genial.
Por ejemplo, una de ellas es el uso de la tecnología para aprovechar lo que me interesa y mejorar lo que hago en mi día a día.
Uno de mis enfoques personales es tomar un tema del que muchos están hablando, buscar sus fundamentos, sus aplicaciones y, después, descubrir qué puedo aplicar a mi propia vida.
Hay momentos en los que, la verdad, no tengo claro cómo realizar algo y me pongo a indagar.
Luego sucede que me da un chispazo de entendimiento y decido compartirlo.
Le invierto tiempo y trabajo, lo dejo reposar, y cuando vuelvo a revisarlo, me doy cuenta de que ahora tengo mucho más por explorar y construir.
Muchas veces este proceso de descubrir cosas nuevas por mi cuenta puede dar un poco de miedo, pero al final del día, el aprendizaje es para mí y para seguir trazando mi propio camino.